viernes, 17 de octubre de 2008

Estas ahí

Estas ahí, aún no te conozco. Sin embargo intuyo en vos un implacable deseo de poseerme.
Me acerco, apenas, intermitente, con miedo. Desde esa lejanía inmediata tus manos me acarician, me seducen, me invitan con su danza tranquila.
Veo reflejos dorados en tu piel de celulosa encerada y quisiera animarme, atraparte entre mis piernas de red, embriagarte con besos indelebles y babas de tinta. Esconderme y descubrirme en tus pliegues de azúcar y hiel, liberarme y contarte lo que escondo entre mis labios angélicos.
A veces me reconozco vulgar, dejo que los bordes de encaje rojo asomen bajo mi falda, me adorno con atavíos comunes y salgo en medio de la noche a cazar figurines vacíos.
De vez en cuando, sucede como por casualidad, que un suspiro me regala un vestido de fiesta y por la ventana entra una efervescencia de ideas que me enaltecen y me hacen brillar. Entonces las palabras se abrazan unas con otras, y te descubro en la bruma espesa de lo cotidiano. Desabrocho mi blusa, te insinúo un camino para recorrerme. Y cuando tus dedos se acercan, y me tocan, un temor extraño me oculta en la angustia de lo mediocre, de lo banal. Me alejo.
Pero aún estas ahí.
Apenas te conozco.

(Escrito en Agosto de 2007)

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